ALTEA (Alicante – España)      

No cae la noche uniforme, la noche va extendiendo su negrura poco a poco sobre la razón hasta cubrirla. Los ojos se cierran como queriendo apagar los sentidos, pero ninguno descansa y vuelven los ojos a estar abiertos. De entre la negrura surge una luz que va definiendo sus colores despacio, la imagen se alza ya sobre la noche de la razón, pero la razón duerme oculta. Sienten los sentidos la imagen ya sin razón que los oriente. Vuelven a cerrarse los ojos por si los sentidos se apagan y entonces a los sentidos los invade la imagen. Una mano extraña atenaza la garganta mientras piel roza piel con caricias, mientras un aroma embriaga, mientras una voz arrulla, mientras sabores de besos deleitan, mientras los ojos cerrados contemplan la imagen y de ellos brotan lágrimas.      TTD

 

  

 

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ALTEA    

 

 

 

 

Portada y contraportada de nuestra primera publicación

Todos los derechos reservados

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 

 

 

 

 

Colaboraciones,

Una biblioteca permanente

Novaltea seguirá publicando los trabajos literarios que reciba en su sección de COLABORACIONES

 

 

 

13-01-2011

Esta web, en sí misma, es un verdadero escaparate literario en cuyo interior cabe que albergue

una buena biblioteca al alcance de todos:

 

Estamos a la espera de recibir novelas cuyos autores deseen verlas publicadas en esta web,

completas o mediante inserciones periódicas.

 

Se cierne la oscuridad sobre el pensamiento cuando no se encuentran las palabras, un sudor frío brota de la frente y dedos temblorosos rozan la piel cuando no se encuentran las palabras, el pestilente olor de un aliento ajeno inunda el espíritu cuando no se encuentran las palabras, se mira para buscar en derredor y es la soledad la que acompaña cuando no se encuentran las palabras, tarda la saliva viscosa en cruzar la garganta que atenaza la tristeza cuando no se encuentran las palabras…, y necesita de las palabras quien necesita del perdón, pero nunca encontrará las palabras aquél cuyo propio perdón se niega, podrá clamar el perdón su pensamiento, pero no podrá pedirlo con palabras.

TTD

 

 

 

 

 

Este libro, al menos tal como lo imaginamos y representamos exteriormente, jamás verá la luz.

Se trata del PREMIO ALTEA DE LITERATURA 2008.

Por desgracia, no hubo acuerdo final entre la autora y esta editorial respecto a los trabajos que entre ambos llevamos a cabo para la adecuación de la forma literaria de la obra a nuestra línea editorial.

La autora podrá editar su obra, incluso haciendo mención al Premio Altea de Literatura 2008, siempre que no cambie ni un ápice respecto al original presentado al Certamen.

La autora también podrá proceder a la edición de su obra, modificando cuanto crea oportuno, siempre que no conste, en parte alguna de la edición, referencia alguna al Premio Altea de Literatura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Creemos necesario anunciar que haremos un paréntesis indefinido respecto a la convocatoria del

PREMIO ALTEA DE LITERATURA.

 

Los costes económicos del certamen requieren de una provisión financiera, inicial y completa, para que nada pueda quedar a los avatares del azar; pero, dadas las actuales circunstancias generales, constituir dicha provisión no nos es posible sin incurrir en la flagrante irresponsabilidad de poner en juego nuestro proyecto global.

 

Tenemos la esperanza de que los próximos años sean los del retorno de la cordura, de la imposición por ley del sentido común y del fin de las actividades puramente especulativas derivadas de la codicia individual. Esperamos que, en en breve, los poderes públicos nos liberen, para siempre, de esos magos de las finanzas capaces, con sus conjuros, de convulsionar, hasta la dramática destrucción, la estabilidad social en todos sus aspectos. Esperamos que 2010 y 2011 sirvan para que 2012 sea el inicio de una nueva era en la que también la libertad del mercado termine en el punto donde comienzan los derechos sociales e individuales, y que esta norma que se convierta en positiva y delimite sin ambigüedades esa frontera.

 

Todos, sin exclusiones, somos elementos, seres humanos, ciudadanos, contribuyentes, votantes, etc., que activa o pasivamente dependemos de la estabilidad financiera y del mercado. Todos, salvo los mencionados magos, de uno u otro modo, estamos exigiendo firmemente a los poderes públicos, a los representantes que hemos elegido, que reparen en que no hay terreno vedado donde no puedan intervenir para la protección de nuestros derechos o, en otro caso, si en realidad sí que existen esos campos vedados, que nos hablen de ellos, que nos confiesen la verdad sobre esos otros "poderes públicos" que permanecen ajenos a la soberanía popular para que todos sepamos a qué debemos atenernos.    

 

 

 

 

 

 

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Apuntes:

 

 

 

 

 

 

 

Exploren en la Web, encontrarán un sinfín de páginas que les servirán de vital ayuda para una impecable creación literaria.

 

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Comentarios:

 

Nuestro uso constante de tilde en el adverbio “sólo”, ¿es error, desconocimiento o terquedad?

Diríamos que convicción.

La RAE sentencia así al respecto: “Solamente cuando en un enunciado concreto la palabra solo pueda entenderse como adverbio y como adjetivo, de manera que el sentido resulte ambiguo, llevará tilde diacrítica en su uso adverbial”.

Es claro que nuestro idioma experimenta un creciente deterioro en su uso tanto escrito como hablado, y no sabemos si el fenómeno se produce a pesar de las intervenciones de la RAE, si la RAE interviene precisamente con el fin de atajar el estropicio o si razón básica del daño es la derogación o la elasticidad de normas que mientras se mantuvieron incólumes dieron dignos frutos.

Vamos a relatar un caso reciente que al respecto sufrimos: un autor respetuoso con las nuevas sentencias de la RAE escribió en una novela que presentó a nuestro certamen, como inicio de un párrafo, “Se colaba solo cuando el autocar se adelantaba. Etc...”.  Pues bien, sólo pasadas las tres líneas siguientes pudimos deducir que aquel “solo” equivalía a solamente y que el autor había cometido un error ortográfico. Esto nos sirvió para reafirmarnos en nuestra convicción: que la “ambigüedad” es un concepto subjetivo y no debe, por tanto, servir como condicionante estricto de una norma pretendidamente objetiva, ya que con ello dicha norma queda objetivamente desvirtuada en su objetividad.

Así que, al margen de sarcasmos, por razones de convicción subjetiva, con la sensación de no estar siendo transgresores por seguir respetando aquellas normas heredadas de nuestros padres y abuelos en la palabra, que de tanto esplendor dotaron a nuestra literatura, seguiremos sistemáticamente adornando, con la tilde diacrítica, el adverbio "sólo".

 

ESTE COMENTARIO QUEDÓ OBSOLETO POR OBRA Y GRACIA DE LA RAE EN DICIEMBRE DE 2010

 

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¡Cuánto más habrá de hablarse del sufrido relato corto por razón de su tamaño! Quizá, miren, los habituales adictos bebedores de best sellers deberían hacer un ejercicio de responsabilidad y no mezclar, que los juicios en la resacosa vorágine mental, por tanta interferencia, no son válidos.

El adicto al best seller encuentra frío el relato corto porque el adicto necesita tiempo, cuanto más mejor, para abrir su mente; y aún más tiempo para abrir la puerta de su sensibilidad. El adicto, cuando tiene ante sí la pequeña copa del relato corto, la bebe de un tirón y casi no le roza el paladar; y el resultado es previsible: algo de calor en la boca, un fugaz ardor en su estómago…, y nada después.

El adicto debería saber que ante un relato corto debe abrir su mente en toda su amplitud para dejar diáfanas su imaginación, su fantasía y su sensibilidad. Debe saber que cada párrafo no lo es en sí mismo sin su antes y sin su después, y esos períodos, a veces, podrían no estar escritos sino en la imaginación, en la fantasía y en la sensibilidad del lector.

Con NUNCA EN LAS CENIZAS DEL OLVIDO el adicto al best seller se queda frío.

“ÉL, EL ESCRITOR Y ÉL MISMO” podría ser la unión de uno o dos capítulos de una novela; sí, pero no lo es: es un relato cuyo planteamiento pertenece al lector y su desenlace también. “EL HÉROE” bien podría ser también un capítulo, quizá el primero, de una novela que tratase sobre las andanzas y las vicisitudes de su protagonista, pero quiere el autor que el desenlace sea facultad del lector.

De “DON ROBERTO ET SA PETITE FRANÇOISE HARDY”, de “LA TUMBA”, de…, por supuesto que esos relatos podrían ser síntesis de gruesas novelas. Con menos argumentos y con menos recursos literarios se han compuesto tomos de 300 páginas. Debería el adicto agradecer que esos relatos le permitan ser el creador de cuanto no le es dado para leer.

“LA MIRADA TRAS LOS BARROTES”, “URBE”, “GEOMETRÍA FINAL”…, pueden ser síntesis, pueden ser desenlaces, pueden ser comienzos, pueden ser la narración de un mero acontecer, y todos necesitan de la participación del lector ya sea para pergeñar su inicio, su desenlace o para dotar de entorno o paisaje un presente apenas descrito.

Creo, sinceramente, que metódicas dosis de importantes relatos cortos pueden ser un remedio muy eficaz contra la perniciosa adicción a los best sellers, con todos mis respetos para éstos por la buena literatura que, a veces, contienen.

     

                 Novaltea Ediciones

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Especial

en nuestra sección de Literatura:

(Pendiente de nuevos contenidos)

 

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ALTEA 

 

UN LUGAR EN EL MUNDO

 

Dieron las doce en el reloj de la iglesia; la plaza estaba desierta. Una vieja y enorme ancla de hierro rodeada por un jardincillo de palmitos se erigía en el centro y, desde allí, el empedrado dibujaba caminitos en diagonal hacia las calles adyacentes. Los cantos rodados y pulidos procedentes de la playa del Albir brillaban al sol mientras unas cuantas palomas se arremolinaban en un extremo de la plaza junto al porche de la sólida casa del párroco, cuyos balcones de hierro forjado daban un tópico toque español al conjunto. Al otro lado de la plaza, una esbelta y solitaria palmera indicaba el inicio de la costera por la que se subía a pie hasta allí y, pasando la escalinata de la iglesia y el pequeño edificio de la sacristía, se veían dos coches aparcados en un pequeño espacio sin asfaltar, frente a una gran casa con balcones, a ambos lados de la cual se abrían las dos únicas calles por las que se podía llegar en coche a la parte alta del pueblo.

         Por una de estas calles llegué un buen día de otoño a la Plaza de la Iglesia. Desde la carretera, había vislumbrado el azul añil de una cúpula redonda en lo alto. La parte baja del pueblo, al nivel del mar, era un conjunto de calles planas, con casas anodinas y semáforos inútiles en invierno e interminables en verano. Llevada por la curiosidad, aparqué el coche en el Paseo Marítimo para visitar la parte alta pero, después de subir andando muchas cuestas con infinitos escalones, costeras las llamaban, por las que no circulaban ni los burros, jadeante, tuve que detenerme a preguntar por dónde se iba a la Iglesia; me mostraron cómo llegar hasta allí en coche y regresé a por él. Un rato después, al desembocar, por fin, en la Plaza, espléndida, desierta y despejada, me quedé fascinada.

         Después de los angostos callejones, me impresionaron las dimensiones de la tranquila planicie. La iglesia, construida en lo más alto del pueblo, tenía una gran escalinata ante el portón y una fachada no demasiado bella, pero, alzando la vista, pude admirar, junto a un campanario que casi se perdía entre las nubes, la redonda cúpula de tejas añiles.

         Aún no había descubierto lo mejor. Aquella primera vez cuando llegué a la plaza, al encontrar la puerta de la iglesia cerrada, me volví para bajar de nuevo la costera, y, al girarme, tuve la sensación de que el mar se levantaba frente a mí. En efecto, entre los dos edificios de enfrente, vislumbré un pequeño mirador y vi que tras su balaustrada de hierro se levantaba una pared azul que se diluía en un infinito calinoso donde el mar y el cielo parecían mezclarse. Un deseo ferviente de zambullirme en aquel océano de luz me empujó a dirigirme al mirador, y allí, acodada sobre el balcón, contemplé la panorámica de la costa: la inmensa bahía de aguas azules e inequívocamente mediterráneas refulgía con el sol. Fue como si el tiempo se detuviera y, por un instante, sentí que mi alma se expandía hacia el borroso horizonte y, al mismo tiempo que crecía esa sensación, mi cuerpo se iba convirtiendo en algo pequeño, muy pequeño, insignificante, pero, a la vez, imperecedero como aquel paisaje.

         No sé cuánto tiempo después, cuando recuperé mis sentidos, pude ver a mis pies, entre pitas y palmitos, unas escaleras, semiocultas por los tejados y  las azoteas de las casas enjalbegadas, que descendían hasta las calles del pueblo de abajo; el blanco deslumbrante de la cal sólo se veía interrumpido por las pequeñas manchas de color de las buganvillas que surgían entre tapias y terrazas y, entre aquel Edén y el mar, se levantaba un bosque de mástiles tintineantes que se bamboleaban al compás de las olas. Más adelante, adentrándose en el mar, un malecón artificial en el que se alineaba de tres en fondo la flota pesquera cerraba el pequeño puerto.

Dirigiendo la mirada hacia el Este, pude contemplar cómo las estribaciones de la Sierra de Bernia descendían hasta el mar formando blancos acantilados que desaparecían en la línea del horizonte para volver a emerger en el pelado Peñón de Ifach. Al Oeste, una larguísima franja blanquecina, la playa de cantos rodados de El Albir, terminaba abruptamente en el acantilado de un monte de laderas deshabitadas por el que una serpenteante carreterilla ascendía hasta el faro cuya silueta cerraba el horizonte. En el centro de la bahía y del cielo azul, una bandada de palomas blancas, que parecían de alas multicolores, revoloteaba como suspendida del decorado.

         Desde este mirador, mientras en mis oídos resonaban los graznidos de las gaviotas, el lejano ruido de las olas  y el sonido de los motores de las barcas que se alejaban del puerto, sentí que, quizás, había encontrado mi lugar en el mundo. Había tenido que vivir 30 años sin saberlo. 

Mima

Altea, 1979 

Concepción Muñoz-Galapagar (Madrid)

 

 

 

Nota de la Editorial

Con esta web, Novaltea Ediciones pretende dar a conocer la línea editorial que seguirá y, al mismo tiempo, prestar un amplio servicio público en el terreno cultural y social.

Lola Mariné, 7-5-2008